La construcción de cautiverios en el Caribe: domesticidad y poscolonialidad
La construcción de la doble colonización, es decir la patriarcal y la imperialista a la que las mujeres de sociedades poscoloniales son expuestas fue durante los años 80 motivo de cuestionamientos y rearticulaciones. A mediados de los 90 comienza a ser teorizado, por académicas provenientes del Caribe y del medio oriente. En Pakistán la implantación de políticas decolonizantes lideradas por EU ayudó a reforzar valores tradicionales como la reinstauración de las prácticas judiciales de la ley musulmana que conlleva castigos ancestrales como el apedreamiento y los latigazos en casos de adulterio y peor aún donde las violaciones son consideradas como actos que necesariamente envuelven consentimiento mutuo. En definitiva, como ha sugerido Chandra Talpade Mohanty , lo que aparenta ser una práctica liberalizante a nivel político actúa como agente colonizante en otras, un juego arbitrario entre la esfera pública y la esfera privada representada por el estado. De manera que la opresión de la mujer no es homogénea en sus estrategias y manifestaciones. Cuando la estudiamos paralelamente al discurso de la poscolonialidad, es posible encontrar en qué consisten sus intersecciones o lugares de encuentro que merecen discusión a la hora de articular políticas feministas en una sociedad.
Conocemos que gran parte del relato poscolonial también procede del Caribe entroncado en las Antillas menores. Y en Puerto Rico, será posible criticar o armar el relato de la poscolonialidad en una sociedad que por definición no es poscolonial ( y entiéndase sus primeras acepciones que referían a aquellas literaturas que intentan articular la experiencia del lastre colonial, utilizando herramientas y andamiajes pertenecientes a los antiguos países colonizadores, son paradójicas en la medida en que su agenda esta centrada en el hecho de que según Audre Lorde "es imposible desmantelar la casa del amo con sus propias herramientas") Sin embargo cuando examinamos la complejidad del termino poscolonial a nivel teórico y literario podemos atrevernos a formar parte de este relato y critica tal vez por no hallar categorización mas precisa o simplemente por no entrar en el dilema político pesadísimo de simplemente categorizarnos sin mas como sociedad colonial. Jamaica Kincaid en su obra Small Place describe la experiencia política de la poscolonialidad al narrar como fue crecer en Antigua, refraseándola cuenta que recuerda haber sentido una cosa muy grande, un peso muy grande que la empujaba por los hombros hacia abajo, lo sintió por un tiempo hasta que ya un día aquel peso se hizo parte de su vida y no lo volvió a sentir mas.
En esta ponencia intentare desenredar un poco la madeja de construcciones que intervienen en lo que yo prefiero llamar el relato de la sujeción a la domesticidad y de la mujer como sujeto colonial (y aquí como siempre traiciona el lenguaje) en las latitudes caribeñas donde entre otros la gravitación de las epistemologías africanas operan como denominador común
Esto que voy a contar es una historia que me seduce desde hace unos cuantos años cuando por primera vez en un barrio palenquero de Barranquilla escuche a una señora contar la leyenda de Catalina Loango. Luego de dos veranos inmersa en aquel mundo del Caribe colombiano logre recopilar todos los componentes de la leyenda que como luego me confirmara el antropólogo colombiano Aquiles Escalante era la leyenda central de la cosmogonía de Palenque de San Basilio conocido como “el primer pueblo libre de América “ sociedad cimarrona constituida en palenque desde el siglo 17 cuando ya aparece citada en los Registros de la ciudad de Cartagena de Indias centro de varias conspiraciones esclavas y victima del posterior azote de un ejercito cimarrón comandado por un monarca guineo conocido como Benkos Biojo. A continuación mi recopilación después de transcribir y escuchar variadas versiones de la leyenda.
Catalina Loango fue al arroyo (unos dicen que a pescar, otros a lavar ropa, o tal vez a recoger agua) y no pudo regresar por algún tiempo. La raptó el moán quien disfrazado de pez la llevo a morar al fondo del arroyo. Cuentan que el día que murió su madre, desde su casa ya se comenzaba a escuchar el ritmo que el viejo Batata, jefe del Lumbalú, hacía salir del tambor. Las viejas del pueblo coreaban estribillos en un lenguaje extraño, no sabían el significado literal de las palabras, pero el sentimiento les daba para eso. Algunas bailaban alrededor del cuerpo de la madre de Catalina que yacía en un cajón en medio del bahareque. Ya se acercaba la media noche y entre los rones, el aguardiente, tanto baile y sudor; se escuchó una voz que se acercaba cantando. Algunos reconocieron que aquella voz era Catalina Loango. Su canto decía cosas nuevas, narraba una historia propia. Catalina entró a su casa y se acercó al cuerpo de su madre mientras cantaba y contaba lo que le había pasado desde aquel día que había sido encantada por el moán que para engañarla se había transformado en un pez. Decía que ya no era mujer de este mundo y por eso ya no podía volver. Entonces las viejas reanudaron el coro y acompañaron a Catalina Loango mientras entonaba su canto especial al que llamaron chimbumbe. Durante la novena noche Catalina tuvo que marcharse de nuevo para el encanto. Entonces de allí en adelante cada vez que se celebraba velorio en Palenque, Catalina regresaba desde el encanto y se integraba al Lumbalú donde cantaba sobre todo su chimbumbe y volvía a contar lo que le había pasado y cómo ahora vivía cautiva del moán, hombre blanco con una gran cabellera rubia y los pies al revés que la había hecho su amante. Catalina siempre vuelve al encanto o lugar de su cautiverio en el fondo del arroyo donde vive en un mundo todo de oro y la gente vuelve a llamarla y ella sale. Las niñas van buscando su historia y le preguntan por qué no vuelve y se queda en el pueblo: “El moán no me deja..”, dice Catalina.
En otros lugares del Caribe, especialmente en comunidades costeñas de ascendencia africana sobreviven a través de la literatura oral y como consecuencia en gran parte de la literatura escrita por mujeres del Caribe, especialmente de las Antillas menores, historias que transmiten el mismo argumento de la leyenda de Catalina Loango. Resulta polémico el hecho de que la imaginación popular los va transformando dependiendo del desarrollo político de la costa caribeña desde donde son contados.
Posteriores investigaciones y más aún la casualidad me llevó a leer un libro titulado Los ñáñigos del cubano Enrique Sosa Rodríguez, donde descubrí digamos la leyenda madre de la leyenda de Catalina Loango o como llamaré de ahora en adelante la leyenda arquetípica africana que habita en una de las fases del rito de iniciación ñáñigo y también aparece contada en el mismo libro por un cubano preso en Ceuta a finales del siglo 19. La leyenda arquetípica cuenta la historia de los hombres en busca de la palabra que se revelaría a través del antepasado Obontanze que habitaba en un pez. Se la pasaban ora que ora en la orilla del río, mucho tiempo había pasado cuando Sikaneka la hija del guerrero Mokuire, fue privilegiada por el antepasado que en forma de pez le habló desde el guiro lleno de agua que traía del río. Asustada le contó al padre y éste en colaboración con el brujo Nasakó se ocuparon de arrebatar a Sikaneka el conocimiento de la palabra y así de su futura apode ración. Secaron la piel del pez y con ella construyeron un sese o un tambor con la idea de que al tocarlo se revelaría Obontanze, sin embargo era muy débil la voz del antepasado. Finalmente Obontanzé les habló a los hombres el día que recibió la sangre de Sikaneka quien fue sacrificada por su padre a la orilla del río. De acuerdo a los planteamientos de Sosa “la leyenda arquetípica africana” es consecuencia de hechos históricos ocurridos en el África occidental, particularmente en el Congo donde posiblemente entre los siglos XIII y XV ocurrieron una serie de guerras entre las tribus de los Efik y los Efor quienes compartían el mismo río para la pesca, ocupación que hasta aquel momento era destinada a las mujeres. Sosa citando a Engels nos indica que la real lucha ocurre entre las mujeres y los hombres que deseaban centrar la economía de la comunidad en la pesca y lo logran desplazándolas de su ocupación que de ahora en adelante seria privilegiada al convertirse en el sustento principal.
La leyenda arquetípica africana constituye un texto mitográfico paralelo tanto en la leyenda de Catalina Loango como en otras narrativas orales y escritas a través del mundo caribeño. El argumento que se repite dice como sigue: una mujer joven ejerce los deberes domésticos, va diariamente a buscar agua fresca del río y allí sufre una experiencia ritual que igual la aniquila y la convierte en una imagen o arquetipo imperecedero. Una imagen llena de poder, que al final no es más que una resemblanza del poder y una trampa en la medida en que éste es usurpado por el hombre y el imperio, constituyendo así el metarelato de dominación que repite la particular construcción del género en el Caribe. La leyenda de Catalina Loango por proceder de una cultura cimarrona contiene casi todas las piezas del argumento de la leyenda africana. Otras versiones al proceder de espacios urbanos muy atados a las dinámicas de la plantación revelan el mismo argumento en distintas etapas o reducid impidiendo develar el resto del tinglado mitográfico y representativo del relato del género y la poscolonialidad en el Caribe.
En el cuento 'La mujer de agua' la etnógrafa cubana Lidia Cabrera narra un episodio que habita en los albores del la leyenda arquetípica. La búsqueda del hombre por la palabra es uno de los eventos primarios que dan lugar al desenvolvimiento de la leyenda arquetípica africana. Y Cabrera narra la historia de Sensé que un día sin querer atrapo en su red al antepasado Obontanze quien le suplico que lo devolviera al mar. Sensé en su inmensa bondad así lo hizo y fue premiado con una hermosa mujer solo para el pues cada vez que se la trataban de quitar esta se convertía en un charco de agua, al final de la historia tanto Sensé como la mujer moran en el fondo de las aguas donde vivieron la felicidad eterna. También desde Antigua se presentan retazos o visos de la leyenda arquetípica. En las Antillas Menores circula una estética caribeña de mayor intensidad tal vez por ser como bien dice Kincaid en Small Place. Jamaica Kincaid narra a través de una leyenda intercalada dentro de su novela Annie John el día cuando su madre regresaba junto a su padre a su casa cargando una cesta de higos verdes sobre su cabeza, y allí escondida sin ella saberlo se encontraban latentes, la voz y el poder disfrazada de serpiente, en esta ocasión el padre impide este encuentro al salvar a su hija de la mordida de la víbora.
En Puerto Rico también se encuentran trazos de este cuerpo mitográfico o gran texto de la leyenda arquetípica que insistentemente narra en su lectura más superficial la sujeción de la mujer a una fuerza externa. A continuación la trascripción literal de una historia proveniente de Guayama :
Había una nena y entonces ella se iba a llevarle comida al peje y entonces se iba y decía:
Mi marín canclá
mi marín canclá
y venía el marín, el peje, que ella le llamaba así: 'Mi marín canclá' y venía y ella echaba comida y se iba y entonces pues el hermano decía: 'Esta yo no sé que le pasa, que se lleva la comida pa'l río todos los días y no come, yo la voy a velar'. Y entonces pues se escondió de ella y vio cuando ella fue, empezó:
Mi marín canclá
mi marín canclá
Entonces, pues él fue otro día y como hizo igual y le mató el peje, y cuando fue al otro día a llevar la comida pues no salió el 'marín canclá' porque el hermano lo había matado. Entonces, pues ella así se puso triste, triste, y entonces pues no quería comer ni nada y entonces pues ella decía: 'Ay yo quiero volverme una sirena del mar, no quiero comida ni na''. Y entonces se fue pa' la orilla verdad y se hizo una sirena del mar y se fue a vivir pa'l mar y entonces pues ahí terminó el cuento. Entonces ella con la pena que le dio con el peje ese se hizo sirena .
En esta ocasión se repite el mismo evento: una mujer joven se enamora de un pez, el mismo Obón Tanzé en la leyenda arquetípica ahora se llama Marín canclá y es la misma reencarnación del poder que trata de manifestarse a una mujer. La leyenda del Marín canclá representa el orden patriarcal como agente cohartador del 'encuentro con el poder' de la mujer. En la leyenda arquetípica el padre de Sikaneka, el guerrero Mokuire, es el primero en facilitar la destrucción de su hija permitiendo que se le arrebatara el poder y luego que fuera sacrificada en honor de Ekwé o dios de la muerte. En la leyenda del Marín canclá la figura del hermano logra impedir el encuentro del poder con la mujer al matar el pez con el que se había obsesionado la muchacha. El final de la leyenda del Marín canclá narra que la mujer encantada por el poder '...se hizo una sirena del mar y se fue a vivir pa'l mar' lo que resuena con el final de la leyenda arquetípica cuando se cierra el argumento con la eterna inmersión de la mujer en el agua
Así que retomemos el tema sugerido a principio de esta ponencia Puerto Rico, y la construcción de los cautiverios de la poscolonialidad y la domesticidad; y mi posiblemente inarticulable aproximación a esa complejidad que Rubén Ríos Ávila en su reciente libro La raza cómica del sujeto en Puerto Rico a través del discurso de la teoría literaria narra en su primer ensayo “El relato del trauma”. Como según el describe buen ” hermeneuta de turno” utiliza el cuento titulado 1898 de Edgardo Sanabria Santaliz que protagoniza Tonilo personaje algo edípico por la manera en que se insinúa la relación con la madre que ha llegado de EU para finalmente hacerse cargo de el. Tonilo visita la tienda de un tatuajista para someterse a un proceso de epidermabrasión y borrar el vergonzoso tatuaje que exhibe en el “área más vergonzosa de su cuerpo” aquella relacionada a la escatología. La acción que determina este argumento es la mezcla de goce y dolor que sufre Tonilo en el momento en que la aguja del tatuajista recorre el mismo paisaje de su tatuaje que en su intento de borrarlo, que lo que hace es recrearlo, surcándole una vez mas, haciéndolo mas patente y presente al recordar el dolor/placer de su primera impresión. Ríos articula como se representa el metarrelato de la dominación donde se recrea el sujeto colonial, en este caso representado por un joven con una sexualidad afectada por la violencia, no muy diferente a Catalina Loango y a la nena de Guayama que acabo convertida en sirena para reconciliarse con la idea de que su hermano había violentado su posibilidad de amar al pez y así a través de una trampa tendida por el poder patriarcal en su intento de sobreprotección le impide inconscientemente ser presa de una trampa perteneciente al discurso dominante, el del imperio en la cual habría caído si se iba con el pez. De manera que sufre el embate de dos trampas, dos construcciones donde la ultima aparece mas perversa que la otra en su subrepticia habilidad de hacerle creer al patriarca que sustenta algún poder. Utilizando teorías freudianas y lacanianas, Ríos insiste en la complejidad de este metarrelado de dominación donde juegan la mirada del sujeto dominante, la seducción erótica y por supuesto el cuerpo del dominado. La mezcla de dolor y placer también es parte de la leyenda de Catalina Loango quien no es solo seducida por el placer erótico del moán sino por las riquezas materiales que este le ofrece en el fondo del arroyo donde todo es de oro. Al fin y al cabo tanto Catalina como Tonilo sufren de masoquismo y de aquí se puede abrir a lecturas mas profundas a través del cuerpo teórico de Lacan y entrar en un estudio psicoanalítico del sujeto colonial quien citando a Ríos “esta condenado a satisfacer infinitamente la demanda, seguro de que la próxima vez dará en el clavo y tocara por fin la raíz de su origen”. Ríos no deja de sugerir una veta (en la que honestamente me cuesta escarbar ) para articular el relato de la domesticidad y la poscolonialidad en Puerto Rico, al transferir “la demanda masoquista del sujeto colonial al automatismo de la compra en la cotidianidad del consumidor” y su correlación con la globalización de los mercados. Tendrán los mercados mayor empeño en seducir a las consumidoras, o será esto otra trampa de la ideología en su empecinado intento de feminizar los males de la sociedad??
Y para ya para cerrar no puedo dejar de acudir a un texto importantísimo para los llamados Estudios del Caribe y es La isla que se repite de Antonio Benítez Rojo invitado nuestro hoy. En su capítulo “The captive maiden” lee el texto de García Márquez “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” subvirtiendo piezas del relato mitológico europeo para relatarnos como el cuento es una pieza de literatura poscolonial en la medida que se apropia del logos eurocéntrico para componer su propio relato, es decir el mito caribeño en toda su paradójica especificad. Eréndira es también Catalina Loango , la nena del Marín canclá y algo también de Tonilo. Definitivamente aquí se propone una vez mas una extraña navegación entre dos mundos, el de la libertad /goce con el del cautiverio/dolor, el masoquismo lacaniano del que habla Ríos. Eréndira logra escapar de sus cautiverios, el del orden patriarcal, representado por la abuela y de otro que le promete el goce al lado del héroe que mata al dragón para liberar a la doncella, posiblemente representando el orden imperialista. Eréndira huye con el oro ganado con la venta de su cuerpo, lo lleva en un chaleco que forma ahora parte de su atuendo y de si misma en su loca carrera de un lado al otro del desierto, de manera que permanece en ese oscilante cautiverio aunque todo un tinglado de simbolismos invitan a pensar que Eréndira se convertirá en madre. Catalina carga el poder de la palabra al cantar en el lumbalú pero tan solo cuando su amante blanco le permite, el mundo de Tonilo no es mas que esos minutos atrapado en el dolor/placer que surca el paisaje de su vergonzoso tatuaje. El destino de la nena del marín canclá es todavía mas ambiguo al no aparecer ninguna recurrencia esta se mueve hacia el infinito, se transforma en organismo capaz de vivir en el insondable fondo del mar, no tiene puntos de partida ni lugares de encuentro. Esto resuena cuando Benítez Rojo articula lo caribeño como “un viaje de conexiones y de viajes sin límites ni propósitos. En un rizoma siempre se está en el medio, entre el Ser y el Otro. Pero, sobre todo, debe verse como un sistema no sistemático de líneas de fuga y de alianzas que se propagan ad infinitum”
En todos estos relatos se conjugan construcciones sobre genero, entendiéndose toda la gama de posibilidades que el concepto alberga entre sexualidad, sujeción a la domesticidad, masculinidad, sujeto colonial., raza; sin embargo vemos que hay un metarelato de dominación que tiene una manera particular de develarse y repetirse de acuerdo al desarrollo político y cultural de cada sociedad caribeña y es este el que determina la complejidad del argumento donde se articula el cautiverio de la mujer y de la colonia. Esta poscolonialidad de la mujer o doble colonización en el Caribe opera de una particular manera, parece más claro si lo consideramos como relato único representativo de las posibilidades de desarrollo y del cuerpo de la mujer; de la misma manera que las viejos imperios utilizaron a sus colonias. Podemos advertir que el mito caribeño en su lucha por la búsqueda de una expresión propia se ha matriarcalizado. Es posible que aquí resida una gran complejidad, ¿es este punto de encuentro fruto de un desarrollo estético y artístico o es una nueva manifestación del orden patriarcal? Supongo que es motivo para que como dice Ríos Ávila los siguientes “hermeneutas de turno” lleven a cabo un poco de arquelogía cultural y así articular las particulares formas en que las mujeres se apropian de ese discurso en unos tiempos como estos donde los espacios cada vez son más privados.
Escrito por Yadmilla Bauzá-Múscolo quien desde 1998 enseña cursos en Humanidades y sobre Teoría Cultural del Caribe en el Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico.
Bibliografía:
Ashcroft, Bill, Gareth Griffiths & Helen Tiffin. The Empire Writes Back: Theory and Practice in Post-Colonial Literatures, London and New York: Routledge, 1989.
Benítez Rojo, Antonio. The Repeating Island: The Caribbean and the Postmodern Perspective. Duke University, 1992.
Field Recording: "What I kow about Catalina Loango..." Recorded and transcribed by Yadmilla Bauzá, 1994-95.
Ríos Ávila, Rubén. La raza cómica del sujeto en Puerto Rico. San Juan: Ediciones Callejón, 2002.

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